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De qué vale sufrir si todos terminamos en el mismo lugar.

Cada día me encuentro sumergido en más mierda, no literalmente pero me cago a diario en mí.
Siempre cojo el camino más corto y  luego empiezo a arrepentirme.
¿Por qué me arrepiento si no hay decisiones malas, habiendo errores a corregir?
Porque nunca he buscado la senda más correcta. Siempre la fácil que, seguramente hará más daño a mis allegados.
La senda que, seguramente, llegará a una mentira o a un callejón sin salida que me hará sentirme fatal y gritar, aaaahhhh!!

¿Por qué tomarlo tan en serio si voy a inexistir?

Cuando era pequeño hacia cosas nuevas constantemente y me sentía libre.
Ahora me encierro dentro de mi rutina y me siento seguro pero cabreado. No surgen las añoradas vivencias de antaño.

Todos nos hemos enchufado a internet y nos damos cuenta que todo lo real va más despacio.
Necesito esa lentitud y esa calma para reposar las ideas. Necesito ese tiempo insoportable  que es el aburrimiento para centrar objetivos. Y quizás necesito no devorar todo a la velocidad de la luz.
Mis ansias de adquirir conocimiento son tan grandes que el tiempo se me hace corto y la angustia se alarga.

¿Qué cosas hacer y que cosas apartar?
¿Qué me llena y qué me vacía?
Desde luego la ira me vacía.
Los libros me llenan y me agotan. Me llena ver internet pero me consume por dentro porque quiero mirar todas las noticias quedándome vacío y sin tiempo. Además el cerebro tiene límites y no puedo retener todo.
Me gustan las imágenes pero no me detengo en ellas provocándome el olvido de las visionadas y de otras.
Me satisface dibujar.
Me satisface escribir.
Y ansío ver todas las pelos que descargo: una locura.

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