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La habilidad olvidada de destruir y reparar.

Cuando era pequeño siempre tenía una gran inquietud por saber que pasaba si eliminaba una pieza de alguno de mis juguetes. Al final acababa con cochitos descapotables y juguetes con esparadrapo para sujetar alguna pieza.
Con eso hacía incentivar mi creatividad que en la actualidad está oculta por el paso del tiempo e ideas que fui cultivando erróneamente: como el culto a lo nuevo frente a lo reparado.
Antes la gente aprovechaba las cosas que necesitaban hasta que no se mantenían en pie: potas remachadas, calcetines zurcidos y piezas de remolques de tractores soldadas y resoldadas una y otra vez.
Ahora hay una garantía de dos años que nos bloquea, que no nos deja fozar dentro del aparato, que estamos modificando y es nuestro. Si tocamos algo de su interior y deja de funcionar el fabricante nos da la espalda con una ley que los respalda.
Desde hace tiempo, cada dispositivo viene con su tipo de tornillo del que no existe destornillador.
Cada día las marcas principales de cosas útiles nos hacen un poco más dificil lo de usar un objeto hasta que sea necesaria su reparación o el cambio por un nuevo objeto.
Nos acomodamos y tiramos con lo que tenemos para luego comprar algo que nos venden por mejor y a la moda.
Hace mucho tiempo las empresas inventaron la obsolescencia programada y ahora esta técnica para que nosotros compremos algo nuevo se a convertido en algo habitual.
Con la ropa, está la moda y con todo lo demás algo parecido.
Donde no pasa tanto es dentro de una empresa mediana o grande, Se tienen unas maquinarias que son rápidas y resistentes. Pero al final acaban por aparecer máquinas con mayor productividad que obligan a los empresarios a sustituirlas o añadirlas para con el tiempo dejar a un lado la máquina vieja.
Esto es necesario cambiarlo porque ahora flotamos en un mar de basura que ahoga la naturaleza y  a los ecosistemas que acaban por convertirse en estercoleros que sirven de focos de infección de nuevas enfermedades.
Es necesario combatir esta fiebre de estrena y tira nuevo con la ensechanza  que siempre promulgaron los abuelos o bisabuelos que es comparte y repara lo que funciona: o lo que es lo mismo haz las cosas que compras tuyas y disfrútalas hasta que no puedas aprovecharlas más y si no las usas seguramente habrá gente que pueda usarlas como si fueran nuevas debido a la necesidad.
El derroche es malo.
La austeridad es buena. Es necesario educar en ello a los que vienen.

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