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Día a día

¿Para qué preocuparse del día de mañana? La presión se suma. Cuando una persona se obceca en su porvenir se entristece: ¡Hay tantas cosas por las que disfrutar! ¿Para qué preocuparse?

El mundo se convierte en algo mucho más bonito si uno se despreocupa y va cumpliendo con las cosas del día a día. Es importante, no dejar las cosas para el día siguiente. La gente se para y se frusta por todo lo que no hizo. Soy un frustrado.

Pero cuando se da cuenta del error que está cometiendo vuelve a empezar y trabaja para obtener los resultados que no consiguió con el anterior esfuerzo.

Soy un triste trabajador que no encuentra sitio en este mundo.
¿Qué sentido tiene estar aquí y no participar en las cosas que nos llenan?

¡Hay tanto por hacer!

Me hago viejo y tengo lleno el estómago pero vacío el alma. Necesito hacer cosas, se me pasan un montón de tareas que hacer como: fotos de las cosas que me gustan, grabar videos de mi inglés para mejorar al hablarlo, realizar un albúm de las fotos de los últimos 10 años. Pero todo esto requiere un esfuerzo y un tiempo que casi nunca quiero gastar en eso. Lo gasto en tribialidades que no me satisfacen.

Al final el mundo se detiene por las ilógicas desisgualdades que sufrimos todos.

Siempre viví como un marqués al borde del abismo: siempre lo tuve todo pero sin la posibilidad de alcanzar lo que quería. Poder disponer de todo sin tener que dar nada a cambio para mi sería importante porque así podería hacer algo sin la distración de esa obligación hacia la sociedad: la libertad de pensar y buscar soluciones.
El problema es que cuando no hay problemas no se suelen buscar soluciones. O si no hay necesidades no se buscan soluciones para tales necesidades.

Soy la encarnación de la ausencia de necesidad. Las que tengo: es que me quieran y necesito ayudar a la gente a mi alrededor. Pero tengo un problema, nunca me acuerdo de mis compañeros si no me piden ayuda. Necesito que me pidan ayuda o alguien que me recuerde mis obligaciones.

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