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La pantalla de la vida.

Que vicio tenemos. Ahora cuando tenemos un rato libre cogemos ese aparatito llamado móvil y lo convertimos en nuestro gasto de tiempo absoluto. Veo a gente que nunca jugó a un videojuego en la vida y ahora se vician a juegos de 'mierda'. Mira que antes no había juegos buenos: tetris, comecocos, quake, age of empires. Dimos un paso para atrás, y ahora la gente juega con las granjas y los caramelos. Eso si, utilizando el concepto más adictivo de los videojuegos, subir de nivel, la evolución de lo que jugamos.
Todo el mundo que tiene un móvil está enganchado, desde lo 7 años a los  60 años.

Los móviles son fáciles de usar, se puede descargar algún juego en menos de un minuto y ver lo que están haciendo los amigos en 15 segundos en facebook y otras redes sociales.
Tenemos un móvil que nos obstruye la vista, el entorno, la realidad. Y su realidad se convierte en nuestra realidad.
Yo fui el primero que me sumé a esa tendencia cuando compré mi primer ordenador de sobremesa. Empecé a jugar a todo juego que conseguía para ser mejor que mis amigos. Esto era sano mientras que estabas con los amigos y disfrutabas de lo social. Hasta que empiezas a jugar en demasía.
Ahora los videojuegos se aprovechan de la debilidad de las personas por lo social para convertirlas en drogadictas de videojuegos sociales evolutivos: "tengo más vacas que tú en mi nueva granja". "Yo más graneros" . No hay leyes reguladoras y la gente está enfermando.
La vida se pierde mientras que el tiempo nos hace viejos.

Finalmente, me echo un pedo y digo que huele bien. Como con estos juegos sociales, jugamos a ellos y nos parece que está bien.

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