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En un laboratorio clandestino de la ciudad

Continuaba drogado y en ese momento mis ojos estaban quedándose ciegos por motivos que desconocía. Lo único que veía eran halos sobre un paisaje oscuro que no hacían más que dar vueltas sin sentido. Me mantenía quieto, o eso era lo que intentaba, y sin embargo el sitio no paraba. Cada vez que daba un paso o intentaba ponerme en pie de forma estable mis piernas parecían que se apollaban en un vacío sin suelo hasta que lo encontraba un escalón más abajo. Tras ese movimiento para intentar mantenerme herguido... volvía a caer y quedarme de rodillas. Hasta que a la vigésima vez me quedé tumbado en la oscuridad giratoria en la que me adrentara ya hacía varios minutos. Mi mente y mi cuerpo, no resistieron más tiempo, quedándome tumbado e inconsciente.
El tiempo se detuvo.
Al cabo de un rato empecé a abrir los ojos. Ahora veía una claridad brillante que me hería, me hacía doler los ojos y los cerré. Pero no quería volver a quedarme otra vez frito e insistí en la apertura de mis globos oculares.
Laboratorio
Volví otra vez a quedarme inconsciente.
Supongo que ya estaba en lugar seguro y que durante un par de horas podría estar tranquilo pero el tiempo era escaso y no sabía si erá muy reducido o si me quedaba el tiempo que inicialmente necesitaban los perseguidores para pillarme.
Mis pensamientos eran confusos e incoherentes, me intenté relajar.
Tenía miedo y me cabeza quería buscar alternativas...
Una voz me despertó...
Me sonaba conocida pero yo seguía agonizando si dar respuesta de mejoría.
Me parecieron horas el tiempo que trancurrió después de que me volvieran a intentar despertar otra vez:
Despierta coño!_me decía una voz familiar pero seguía en mis trece hasta que note un fuerte golpe en mi cara y no se porque motivo, me sobresalté.
Estaba empapado de sudor y cubierto de sábanas cuando me disponía a levantarme me di cuenta que estaba en pelotas y no tenía ropa. Miré a mi alrededor y sobre mis pies había ropa limpia y muy de mi estilo. Parecía como si él que me la había dejado ahí supiese mis gustos. Miré para un lado, miré para el otro. No había nadie, realmente no mirara bien pero empecé a vestirme rapidamente.
Me encontraba bien y después de atarme las botas con doble lazo, me puse de pie.
Estaba recuperado de la mierda que me habían metido esos matasanos.
Busqué la salida de esa habitación pequeña y toda desordenada. Las cosas estaban colocadas (apiladas) en estanterías metálicas. Se notaba cierta limpieza y orden pero escaseaba el espacio para tantos cachivaches.
No encontraba la salida. Cuando de repente, se abríó una escotilla por encima de mi cabeza y empezó a desplegarse una escalera. Salió una voz de mujer y grave que dijo: "Sube rápido".
Subí.
A continuación empezó a hablarme y a soltarme tonterías a las que tenía que contestar. Yo empecé a contestar con monosílabos y con poca claridad hasta que en poco menos de 8 minutos, esa chica me soltó un puñetazo que me partió la nariz.
Ni me di cuenta, debía estar sedado que el dolor no hizo justicia al golpe.
Entendí el puñetazo y empecé a hablar concretizando.
Apareció un personaje que se me hacía familiar pero lo veía un poco transformado. Parecía en su mayoría máquina.
Miré para mis manos y vi que eran de ojolata recubierta de una especie de gel seco que imitaba la piel humana pero no eran mis manos. En ese momento volví a mirar para el frente y me dicuenta de que lo que estaba reflejado era yo.
¿En qué me convirtieron? ¿Y ahora qué? _pensé en voz alta_.
La realidad era dura pero no tan dura como lo que iba venir a continuación.

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