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Dentro de la ciudad 3

No sabía como salir, mi oido estaba inavilitado. No me funcionaba el equilibrio. ¿Cómo podría engañar a los científicos para que me dejaran bien este sentido? No tenía tiempo, al menos, yo me temía lo peor. Llevaba minutos, horas ahí. Sentía que mi situación no era la mejor. Pensaba que el tiempo no era una ventaja.
Se me vino a la idea de escapar a las locas, sin más motivos, sin saber mi siguiente paso. Lo único claro que tenía en la mente era, descontando que estaba mareado, mi muerte. Tenía que buscar la manera para engañarlos, haciéndolos dudar durante algunos minutos, de que mis sentidos estaban en buen estado. Yo sabía que ellos seguían un protocolo, unas instrucciones que seguían a raja tabla pero tal vez si yo fuese capaz de introducirme en su sistema, podría modificar los resultados de mi operación y cuando se dispusiesen a comprobar mi estado, una vez enchufado, poder recuperar mis habilidades, la otra alternativa era buscar un vehículo autónomo que me llevase a un lugar seguro; pero no conocía nada, solo una dirección que conseguí en un bar antes de marchar hacia esta ciudad.
En su momento me hablaron de que tenía un pariente lejano que por casualidad era un cirujano experto en todo tipo de aparatos para ampliar y mejorar las características de una persona bulgar como yo, mi tío Toni, cybercirujano. Ahora estaba accediendo a la red del sistema mediante un dispositivo que me implantaron hace años. El tema es que tenía que romper la seguridad para poder conseguir que viniera un vehículo de desplazamiento autónomo hasta mi. Tenía un problema este chip me provocaba fuertes jaquecas si lo usaba no más de 5 minutos y al excederme de 15 minutos el aparato se sobrecalentaba tanto que empezaba a quemar una arteria, una de las carótidas o era la basilar, no me recuerdo. El hecho era que si no paraba a los 15 minutos la hemorragia no se detendría. Ahora estaba buscando los mapas de transporte de esos chismes pero no los encontraba. El tiempo estaba pasando y la seguridad no era un problema. El problema era la inmensidad de datos que encontraba, no me eran necesarios, eran basura en este momento. Busqué en un directorio que se llamaba sala de máquinas, en otro que se llamaba energía, incluso en uno que se llamaba transporte pero no encontraba ningún robot que me facilitara la huída. Se me vino una palabra "cyber transporte". Lo pude encontrar, el vehículo después de envíar las entrucciones solo tardaría 30 segundos en encontrarme... mierda que hago durante estos 30s para que no me pillen. Ahora, tanto el módulo de transporte como el módulo de seguridad saben que estoy encondido dentro de este armario. Paciencia.
Vara de descargas quebrada.
Abrí un compartimento de mis entrañas y quité un pequeño frasco con una neurotoxina para casos de extremo sufrimiento. Tenía que buscar un instrumento para poder inyectarla al segurata que venga a por mi. Miré a mi alrededor y vi un holograma con una flecha en dirección a una farmacia. Pero no llegaría a tiempo.
me quedé mirando para el frasco y decidí romper una lampara del pasillo y así cogí un trozo de cristal y le até un trozo de mi pantalón, también unté el filo con una gota de la neurotoxina.
Cuando acabé de realizar esta operación llegaba un vehículo vertical con luces azules a toda velocidad. Tuve que vaciar de chips y visceras de otros pacientes hasta pude distinguir un par de ojos aplastados por una pieza de metal brillante que parecía que todavía funcionaba. La metí en el bolsillo. me subí al interior del vehículo. El vehículo no arrancaba. No me lo podía creer. ¿Qué pasaba? Me conecté por ondas al sistema pero no vi ningún problema. Estaba todo correcto. Comprobé un dispositivo de seguridad para que no se ahogara la gente en el compartimiento de este vehículo pero también está deshabilitado, debería cerrarse. Grité: ¿Por qué no te cierras? Miré para todos lados y justo me aparté de un resplandor que venía hacia mi cara y en ese momento se cerraron velozmente las compuertas del vehículo partiendo la muñeca de ese inspector de seguridad que trataba de electrocutarme con esa vara de descargas. El transporte arrancó con una gran sacudida. Saltó sangre. La vara se quedó brillando hasta que  le quité lo que quedaba de mano.

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