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Mi amigo 'Chocolate'.

Mi amigo 'Chocolate'. Era una persona de la que nunca te podías separar debido a su facilidad haciendo reír a la gente y quitando cabreos. Su único defecto es que estaba siempre con la tableta de chocolate blanco en la boca. Nunca lo llamamos 'Chocolate Blanco' porque había un jugador de la NBA que tenía ese sobrenombre puesto por Andrés Montes un gran comentarista de baloncesto al que cada vez que pienso en él se me pone la piel de gallina; por sus comentarios y apodos tan ilustrativos: "ra ta tata ta... tripleeee, triplee", " vilma abreme la puerta", "tiburón Puyol", "tiqui taca", desde el mítico "aierolineas Jordan" hasta el habitual "¡JUGÓN!".
Mi amigo 'Chocolate' era un fenómeno con el balón mientras no tenía la tableta en la boca que lo atragantaba (a veces), "mi amiga" eso era lo que decía pero sin embargo para mi era otra cosa. Mi amigo tenía 12 años cuando lo conocí, en esa época era pequeño y con el pelo claro y rizado. Siempre le gustó bailar a sus amigos en el fútbol pero poco después dio un gran estirón y empezó a jugar al baloncesto. Cuando no estaba con la pelota, por las tardes, en la vieja cancha de baloncesto, se dedicaba a ver reportajes de baloncesto que veía en un bar, "Paraíso", donde se dedicaban a emitir todos los partidos de baloncesto nacional, o reportajes de diferentes jugadores en progresión. La verdad es que yo fui un par de veces con él a este lugar oscuro y relativamente pequeño que tenía un gran televisor enfrente de la barra y un billar al fondo que estaba desgastado de tanto uso  . Los chavales del insti perdían ahí el tiempo durante los cortos recreos de 20 minutos que teníamos cada día. No era demasiado caro, a 100 ptas cada partida y como eramos malos nos duraban más de media hora.
En fin, pero él nunca miraba para la partida y siempre estaba pendiente de mates y movimientos que sus ídolos hacían con tanta facilidad que parecían dioses. En esa época en la Nba los jugadores anotaban casi todo lo que tiraban o al menos los tiros de media distancia con tal armonía que parecía que lo hacían a cámara lenta.
Mi amigo 'Chocolate', cuando le picaba el gusanillo, se largaba con su balón y empezaba a intentar lo mismo. Pases por la espalda contra la pared, combinación de botes entre las piernes y desbordes laterales con un zig zag en dirección a canasta que remataban con bandejas a mano cambiada o rectificados al final de un gran salto. Cuando yo acababa de hacer los deberes y no me apetecía ver los dibujos compraba un poco de chocolate blanco para compartir y me después de escuchar lo que estaba intentando hacer lo ayudaba en lo que podía. Por ejemplo, recogiendo y pasando el balón, normal o en picado para que él tirase triples sin bote.
Siempre me decía que se los diese con mucha fuerza; decía: "quiero fortalecer las muñecas, los profesionales juegan con intensidad". Yo le daba los pases más fuertes que podía pero de vez en cuando iban imprecisos y él se reía diciéndome un día me vas roper los dientes. Pero 'Chocolate' echaba una risa y mostraba un gesto de aprobación y aunque le hubiese esguinzado el dedo meñique el seguía hasta que no podíamos más.
Disfrutando de sus tiros en suspensión, empecé a imaginarme como podría ser nuestra dupla en un equipo. Él, con sus genialidades, yo, con mis pases.
Se pasó algún tiempo indeciso, sin saber que hacer. En nuestro pueblo no había ningún equipo y el quería jugar en partidos arbitrados con la presión del campo y la responsabilidad hacia los aficionados. Quería saber lo que era ganar y perder en esas circunstancias. Se quería hacer profesional pero sabía que tendría que alejarse de mi, pero le insistí que debía intentarlo; "es tú destino". Se autoconvenció. Sus padres y yo lo acompañamos a la ciudad. Él demostró ser feliz cuando votaba el balón y también su calidad a pesar de sus nervios. Luego cogió el balón me lo pasó y me dijo: "perdona pero ahora te toca a ti... eres bueno y puede que no seas el mejor tirador del mundo pero tienes ilusión, visión y juego para pasar la prueba".
Al final, a él lo cogieron y le dieron la enhorabuena y a mi me dijeron que lo intentara de nuevo mostrando un relativo interés.
Aquel 24 de mayo fue él último día de nuestra amistad, no porque no nos quisieramos sino porque se separaban nuestros caminos.
Durante años mantuvimos comunicación por teléfono y el me mandaba fotos de sus nuevos logros en el equipo. Y, yo, le enseñaba cada balón que se me acababa y muchas veces cogían forma de huevo.
Al final, ya con tres años más decidí presentarme a un equipo que hicieron nuevo en el pabellón de cerca de mi casa, empecé a jugar con compañeros que lo hacían bien. Estaba empezando a disfrutar del baloncesto cuando recibí una trágica noticia, el padre de mi amigo me telefoneó y dijo la mala nueva.
Después de unos meses me recuperé pero nunca fui él de antes. Me convertí en una persona más apática pero más respetuasa con el baloncesto. Desde esa tarde también quise ofrecer algo a mi amigo y desde aquellas empecé a jugar de otra forma y con otro espíritu. Mi calidad no era la mejor pero el tiempo me brindó más experiencia en defensa y en el tercer pase. Fui profesional y además frutero para ganar unas pelas para sobrevivir.
El tiempo pasa  y empecé a construir mi carrera como entrenador. No tenía ni la altura, ni el físico, ni las cualidades de mi amigo "Chocolate" pero si el gusto por el buen juego y un buen ojo.
Ahora preparo a los cadetes y a los juveniles. Y cuando encuentro al jugado con más espíritu de lucha a ese le llamo 'Paraíso'. Y al mejor de la promoción le pongo 'Chocolate'.

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