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Paseando en bicicleta

Ayer me encontré con una foto frontal de una brillante bicicleta color verde pistacho que me recordó lo bonito que era  montar en bicicleta.
Esos momentos soleados en los que desciendes una cuesta a bajo lentamente y puedes mirar y admirar el paisaje por el que transitas. Viajes cortos, paisajes eternos. Una frontera que se va estirando cada vez que avanzas. Un límite que es más grande que cuando andas. Parece que tienes más espacio, la burbuja en la que vives se expande. La libertad del pedaleo. Las ganas de llegar al destino.
Entonces llega la cuesta arriba, un sufrimiento con esperanza y premio final. El asfalto se torna más duro y las ruedas se convierte en un chicle reblandecido y pegajoso que hace del paseo en bici, una intensa sensación de cansancio. Cuando llevas pedaleando un rato de esa cuesta empiezas a sentirte mejor pero es el cerebro que miente para, más tarde, darte 'la patada definitiva' que no se puede convertir en bajón sino en inspiración para sobreponerte y tirar o empujar con más fuerza de la bicicleta.
El deporte purifica cuerpo y... Solo de pensarlo tengo ganas de subirme a una bicicleta.

...y aquí teneis la foto que me inspiró:
Kinfolk Bicycles

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