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Descripción

Un paraíso, un hermoso jardín lleno de flores y vegetación con un colorido brillando en color verde esmeralda. Con pequeñas motas de distintos colores, como rojos, amarillos, azules, naranjas formando una bonita y fresca bruma. Todo eso con una constante brisa que hace desplazar pequeñas nubes blancas de forma lenta y natural haciendo bello el cielo y quitándolo de la monotomía del azul celeste de verano.

No hace calor, simplemente es un lugar escitante haciendo permanecer a la gente despierta ante todos los cambios sorprendentes del entorno. Este paraíso cambia de color cuatro veces al día: durante la mañana la luz de los tres soles da un color fresco y frío como si de dentro dentro de una dentífrico estuviésemos, pero manteniendo esa naturaleza verde pero sin ninguna flor abierta todas cerradas, resplandecientes, mojadas; los brotes son de color esmeralda y reflejan la luz con un parpadeo no molesto pero llena el interior de cualquiera que mire con tranquilidad este paraje lleno de vegetación y fauna. Luego vienes las tardes que se tiñen de rojo pasión, los animales se conviertes en bestias y amantes. Entre la brutalidad y la excitación hay un equilibrio que es la supervivencia del más fuerte, pero todo ello es bello porque la vida sigue suavemente y lo único que se pierde es el cuerpo de un alma pura que acabará iluminando las noches de este paraje.
Las noches son los más bonito, es el constante tintilar leve de todos aquellos espíritus perdidos después de su muerte a la espera de su redención y el liberación de todo lo material... al final de la noche se contempla como un montón de ileras de espíritus blancos se van elevando hacia el cielo azul oscuro cobalto... se pierden surcando los cielos en busca de su felicidad y final de su vida en este paraiso.
Los olores son muy diversos, agradables y otros no tanto. Pero la diversidad y la suavidad de los olores es lo que hace de este paraje un lugar donde no hay descanso ni reflexión... todo se repite y nunca igual; este ecosistema no sabe lo que es la monotonía. Todos los días son transcendentales y nadie se los quiere perder.

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